El trauma es una herida, no una identidad
Trauma no es “lo que pasó”, sino cómo quedó tu sistema nervioso después. A veces el cuerpo se queda en “alerta” o “congelado” para protegerte.
Señales frecuentes en el cuerpo
- Hipervigilancia: sobresaltos, cansancio mental.
- Congelación: apatía, dificultad para decidir o moverse.
- Tensión crónica: cuello-espalda-mandíbula.
- Digestión sensible: nudos, diarrea/estreñimiento.
- Sueño alterado: desvelos, pesadillas.
- Dificultad con la cercanía: el cuerpo no confía del todo en lo seguro.
Si te reconoces, no estás sola. Tu cuerpo ha estado defendiendo tu vida.
¿Por qué pasa?
El sistema nervioso aprende patrones de supervivencia (lucha/huida/congelación). Si no tuvo condiciones para completar la respuesta o sentirse seguro, se queda “pegado” a esas estrategias.
8 prácticas somáticas para traer más seguridad
- Mapa de seguridad: lista 3 personas/lugares/objetos que te calmen; úsalos cuando suba la activación.
- Respira alargando la exhalación (3–5 min).
- Orientación: mira a tu alrededor, nombra colores/objetos; dile al cuerpo “estoy aquí, ahora”.
- Contacto contenido: autoabrazo, manos en pecho y abdomen.
- Movimientos lentos: balanceo suave de pie a pie, estiramientos felinos.
- Descarga: aprieta toalla con las manos 10–15 s y suelta; repite 3 veces.
- Rituales: mañana (3 respiraciones + estiramiento) y noche (diario de 3 líneas + agradecimiento).
- Ventana de tolerancia: identifica cuándo estás sobreactivada o apagada y ajusta (pausas, luz suave, sonidos calmantes).
El papel del acompañamiento
A veces sanar requiere ser vistas en un espacio seguro. Con acompañamiento adecuado, el cuerpo aprende nuevas rutas de calma y conexión.
Tu cuerpo no es el problema: es tu aliado. Paso a paso, puede volver a confiar.
Si lo sientes, puedo acompañarte a diseñar un plan para ti con herramientas de autorregulación que te sirva verdaderamente a sentir más seguridad en tu cuerpo.
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